Una historia que
empieza con valentía
Todo empezó con el padre de Martín. Llegó de Uruguay a la Argentina con apenas 8 años. A los 15 perdió a su padre y las circunstancias lo llevaron, a los 16, a trabajar en la heladería Llao Llao, ubicada en el pasaje Moner Sanz y Sanabria, en Villa del Parque.
Lo que empezó como una necesidad se convirtió en vocación. Dos años después de entrar, ya abría una sucursal propia de Llao Llao en Lope de Vega y Nazarre, donde estuvo durante 20 temporadas, transformando lo que era una simple reventa en una verdadera heladería con fabricación artesanal propia.
"No hubo muchas opciones para elegir, pero el oficio lo eligió a él. Y lo hizo bien."
— Martín, tercera generación Anta Helados
2009: la familia
compra la marca
Mientras trabajaba en Lope de Vega, el dueño de Llao Llao se mudó a Tinogasta y Sanabria, donde continuó hasta 2009. Ese año, la familia dio el paso que cambiaría todo: compraron el fondo de comercio y la marca. Ya no eran empleados de una tradición ajena. Eran los dueños de la suya.
La heladería de Lope de Vega dejó de existir para unificarse. La familia concentró su energía, sus recetas y su conocimiento en un solo proyecto con identidad propia. Devoto, el barrio en el que vivieron toda su vida, sería el corazón de esa nueva etapa.
"Devoto es el barrio en donde vivimos toda nuestra vida y en donde nos sentimos parte. Tenemos un cariño muy grande por el barrio y desde nuestra humilde posición intentamos poder agregarle el mayor valor posible al mismo." — Martín
2016: Anta crece
y llega a más barrios
En 2016 surgió la oportunidad de sumar un nuevo local: el que hoy es la sede de Villa Devoto, en la esquina de Simbrón y Chivilcoy. Un espacio de diseño impecable, luminoso, con pastelería artesanal y café de especialidad, pensado para reunirse, merendar o simplemente disfrutar.
Hoy Anta cuenta con tres locales en CABA: Floresta (Av. Juan B. Justo 6357), Villa Devoto (Simbrón 3993) y Villa del Parque (Baigorria 3302). Y una fábrica artesanal con producción propia que abastece no solo sus propios locales sino también a otros negocios, eventos y emprendedores.
La tercera generación
con mirada mayorista
La tercera generación de la familia lleva hoy el mismo saber hacer artesanal a una escala mayor. La fábrica produce con recetas propias, sin premasas industriales, con ingredientes de primera calidad. El resultado es un helado cremoso, de sabor profundo, que fideliza clientes desde hace décadas.
Además de los locales al público, Anta distribuye en volumen mayorista a heladerías, restaurantes, clubes, geriátricos y eventos de toda la ciudad. La calidad que construyeron en 70 años es hoy el mejor argumento para cualquier negocio que quiera diferenciarse.
"La calidad nunca bajó, ni en las crisis más duras. Ese es el legado que no negociamos."
— Familia Anta Helados